Es difícil no observarlo y sentirse bella.
Quizá la mujer es aquella que merece ser observada siempre.
Nadie sabe en que noche de octubre solitario, de fatigados duendes que ya no ocurren, puede inmolarse la perdida infancia junto a recuerdos que se están haciendo.
Qué sorpresa sufrirse una vez desolado, escuchar como tiembla el coraje en las sienes, en el pecho, en los muslos impacientes.